¡Hola a tod@s!
Soy Pedro Morgado y quiero compartir con vosotros mi experiencia de voluntariado
internacional en Francia.
Durante este último año realicé dos misiones en el sur del país: de septiembre a junio
en Manosque, cerca de Aix-en-Provence, y todo el verano en Aubessagne, cerca de
Gap.

Primero os contaré sobre la experiencia en Manosque, que fue la más impactante y
gratificante.
Cuando llegué en septiembre descubrí un pequeño pueblo del sur de Francia, con un
encanto especial y un ambiente tranquilo (a veces demasiado tranquilo).
Mi trabajo consistía en ofrecer talleres de idiomas y cultura en varias escuelas,
además de organizar “Le Café des Langues”, un encuentro que reunía a personas de
todas las edades para compartir experiencias, conocer gente internacional y aprender
nuevos idiomas.

También participé en distintos eventos de la asociación y organicé una feria de
ciencias en colaboración con otra entidad de divulgación.
Al principio, en las formaciones, conocí a jóvenes de distintos países, lo que me hizo
sentir parte de una gran red de voluntarios de toda la región.
El idioma fue mi primer gran reto: al llegar no hablaba nada de francés, pero con la
práctica diaria hoy puedo comunicarme con fluidez, algo que jamás habría imaginado
hace un año.

Lo que más destaco de esta vivencia es la conexión con la comunidad local y con
otros voluntarios internacionales. Este trabajo me permitía un día sí y otro también
hablar con muchas personas del mismo pueblo. Para mí, lo más especial eran las
escuelas y ver la alegría de los niños al aprender nuevas palabras en español, inglés o
italiano, y cómo adultos de diferentes generaciones se reunían en el Café des Langues
para compartir un momento juntos.

La segunda experiencia, en Aubessagne, fue muy distinta, ya que trabajé como
monitor en un campamento de verano. El ritmo allí era mucho más intenso, con
deportes, juegos y excursiones en plena naturaleza.
A esto se sumaron dos semanas de proyectos Erasmus en los que recibimos a grupos
de jóvenes de distintos países en el campamento. Fue un reto organizar el tiempo y
manejar grupos numerosos, lo que verdaderamente me agotó, pero también una gran
oportunidad para crecer en trabajo en equipo y dinamización juvenil.

De estas dos experiencias me llevo amistades (¡un saludo enorme a María, Katrina,
Luma, Raphael y Benjamin, que me aguantaron durante todo el proceso!), momentos
especiales con la gente local y todas las personas de Manosque y Aubessagne,
además de la satisfacción de haber aportado mi granito de arena.
No sé exactamente qué haré con todo lo que me llevo de este año, pero sí tengo claro
algo: si tuviera que recomendar a alguien hacer un ESC, lo haría sin dudarlo ni un
segundo.

